Le he hecho un juego al reloj.
Lo llevas puesto todo el día y casi no lo usas. Eso me picaba desde hacía tiempo.

Llevas un ordenador en la muñeca. Todo el día, todos los días. Y lo usas para ver la hora, contar pasos y quitarte notificaciones de encima.
A mí eso me picaba desde hacía tiempo.
Siempre he tenido curiosidad por meterme en más cacharros de Apple, y con el Watch me pasaba una cosa rara: lo miraba y pensaba «esto tiene que servir para algo más». Pero no encontraba para qué. Hasta que me atreví con lo que menos se espera de un reloj: un juego.
Se llama Riddly y son misterios que se resuelven en la muñeca. Pero no van de tocar botones diminutos en una pantalla diminuta —eso sería trasplantar un juego de móvil a un sitio donde no cabe—. Cada caso tiene tres fases, y cada una usa algo que el reloj sabe hacer.
Piensa. Deduces, decides, atas cabos con las pistas que tienes.
Siente. Interpretas códigos y patrones de vibración. Aquí el reloj te habla y tú tienes que entenderle.
Mueve. Giras la muñeca o resuelves diales con la Digital Crown. Y esta parte es de la que más orgulloso estoy: la corona funciona como un dial háptico de resonancia. Las vibraciones te guían para encontrar posiciones ocultas, ajustar valores y resolver combinaciones de hasta tres cilindros. Es abrir una caja fuerte a tientas, guiándote por lo que notas en la muñeca.
Hay dos campañas independientes, de seis capítulos cada una. El Cartógrafo del Minuto, que investiga el robo de un minuto a través de lugares imposibles. Y El Archivo de los Ecos, sobre recuerdos manipulados, la Archivista y el Archivo Cero. En total, 60 misterios y 180 fases.
Y hay un misterio diario, distinto cada día, que funciona sin conexión. Más dificultad que se adapta a cómo lo estás llevando, rachas, calendario, logros y tutorial.
El reloj se basta solo: no necesitas tener el iPhone abierto ni cerca para jugar ni para avanzar. Existe una app de iPhone, pero es opcional y hace de archivo de investigación: ves el progreso, gestionas tus desbloqueos y resuelves seis expedientes visuales que amplían la historia de El Archivo de los Ecos. Amplían, no obligan: las campañas se terminan enteras desde la muñeca.
Ahora, lo que de verdad define a Riddly es lo que no tiene.
No tiene suscripción. El primer capítulo de cada campaña y el misterio diario son gratis. Si te enganchas, cada campaña se desbloquea con un pago único. Una vez. Ya está. No me parece de recibo cobrarte todos los meses por un juego de cinco minutos.
No tiene cuenta, ni servidor, ni publicidad, ni analítica, ni rastreo de nada. Tu progreso vive en tu reloj y ahí se queda. No hay nadie mirando por encima de tu hombro, sencillamente porque no hay nadie.
Y tiene alternativas accesibles que puntúan exactamente igual. No una versión de segunda para quien no pueda hacer el gesto: la misma partida, los mismos puntos. Si el juego va de resolver misterios, lo justo es que todo el mundo pueda resolverlos.
Todo esto sale del mismo sitio: sencillez. Riddly es para tus cinco minutos de desconexión. Ni más, ni menos. Y lo que es para cinco minutos no debería pedirte que te registres, ni que aceptes cookies, ni que pagues una cuota.
Está traducido a 10 idiomas, por cierto. Porque desconectar cinco minutos se hace igual en todas partes.
¿Y qué pinta esto en Arcenith? Pues es curiosidad pura. Un gusto que me di explorando un rincón del ecosistema de Apple donde casi nadie se mete. No todo tiene que ser estrategia: a veces construyes algo porque te apetece saber si se puede. Y resulta que se podía.
Ojalá te lo pases bien con él un rato al día. Para eso lo hice.
RIDDLY EN LA APP STORE →— Oscar García ·Arcenith